Siente como sus gotas resbalan por tu
corazón, cómo inundan tu alma. Esas hermosas perlas que te regalan recuerdos,
regalos de un futuro incierto que aún está impregnado de todo lo pasado,
experimentado, acabado. Pequeños delirios de tu locura, pequeñas tormentas que
se ciernen en tu interior. Naturaleza hecha melancolía, infinitos ríos de
pensamientos, plena desnudez de tu ser... observa esas continuas e ingenuas navegantes
de un mar de incertidumbre, esa libertad condenada a ser libertad…
Agujas del reloj de tu vida,
personificación de cada suspiro, cada llanto, cada ilusión, cada sonrisa, cada
abrazo…acaricias su fugaz paso por el transparente cristal de la ventana, crees
reconocer tu rostro en ese mundo inagotable de espejos inmortales, pero acabas
perdiéndote en ese bosque de aguas cristalinas que desborda tristeza,
nostalgia, confusión, desesperación, soledad. Cuántas veces quisieras
confundirte en ese mundo de pureza, embarcarte sin temor en un viaje sin
destino, respirar esperanza, abandonar la despreocupación y evaporarte,
convertirte en esas señales insondables del pasado con la ilusión de poder
abrazar un futuro inesperado. Porque siempre navegará el amor, porque cada
recuerdo nos volverá a envolver en su belleza inevitable, porque cada caricia
se congelará a su lento paso, porque siempre naufragaremos en su infinitud,
porque su incesante recorrido nos seguirá despertando de nuestro sueño. Porque
esa diminuta señal, ese pequeño rastro de la furia de la naturaleza, la
insignificancia que se pierde en el abismo, en la grandeza, y que siempre
regresa a su esencia, esa gota que se confunde en la inmensidad, en el fondo eres tú.
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