domingo, 21 de octubre de 2012

Bittersweet

El otoño nunca había sido tan frío. Tan cerca y a la vez tan lejos. De momento te embriaga la sensación de que quizá ya nada merezca la pena. Se ha desvanecido hasta la última pizca de esperanza, el único abrigo que cubre tu alma es el de la indiferencia, porque ahora ya ni las lágrimas son tan baratas ni las sonrisas cuestan tanto...
Ahora las creencias se vuelven afirmaciones, hechos. Nunca antes habías sentido tanta seguridad, tanta pureza en tus sentimientos, esa extraña combinación entre la melancolía de un amor perdido, una amistad olvidada, una historia acabada, y la dulce incertidumbre ante un futuro desconocido, pero que despierta en ti un infinito optimismo...
Porque cuando parece que cada herida, cada lágrima desperdiciada, cada palabra equivocada, e idea incorrecta te van destruyendo poco a poco, pero en realidad no son más que armas en el camino hacia la lucha misma que es la existencia, porque todo ello no ha contribuido sino a hacerte más humana, a llenarte de fortaleza y de coraje, y entonces ya sientes que la madurez es lo que impera en tu vida.
Entonces, es el momento de no poner precio a las lágrimas, a las sonrisas, a los besos, a los arrepentimientos, a esos 'por qués' que nada más que te atormentaban, a cada recuerdo bonito pero a la vez hiriente, y comenzar nuevos caminos, explorar nuevos horizontes y dejar todo atrás, porque aunque se cierna ya sobre nosotros la fría entrada del invierno, ya no quieres temer, y todo no es más que el final de un nuevo comienzo.

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