A pesar de todo, de la nube confusión e indecisión en la que se
encontraba sumergida mi mente, había algo, un pequeño atisbo de esperanza, una
pequeña luz al final de ese camino, pero que al final el tiempo se ha encargado
de difuminar, de borrar para siempre.
¿Cómo es posible querer y sentir apatía a la vez? ¿Perdonar y
hacer como si el olvido pudiera con todos los recuerdos negativos, con todos
esos momentos malos, con todas aquellas palabras que ojalá no hubiéramos
escuchado pronunciar nunca, cuando el tiempo y el destino se empeñan en
ponernos frente a frente una vez más?
Siempre habrá una parte de mí que es tuya, siempre se detendrá el
tiempo cada vez que el mínimo recuerdo me transporte hacia el más profundo
océano de nuestra historia, del ayer que se hace presente, y que tú me obligas
a querer apartar de mi futuro.
Cuando la cobardía se hace presente en cada acto, y el olvido se
cierne sobre nosotros, cuando ni siquiera las palabras nos llenan de vida,
entonces es el momento, la oportunidad de iniciar la andadura hacia caminos
separados, y de jurarnos que ya no miraremos más hacia atrás, que la esperanza
nos guiará hacia un futuro mejor, que hay historias imposibles.
Ya no merece la pena reprochar, derramar lágrimas, desechar malos
pensamientos, confesarnos sentimientos pasados, desenterrar lo enterrado,
porque el dolor se hace más doloroso, y lo evitable se vuelve inevitable, y nos
volvemos a convertir en dos almas vulnerables.
Ahora es necesario armarse de coraje, ponernos una coraza de
fortaleza, y guardar allí, en el último
rincón de nuestro corazón, en el último poro de nuestra piel, cada recuerdo
bonito de esta historia, de nuestra historia.
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